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Uruguay y el progreso social: “no existen soluciones nacionales: es necesario aprender y tomar lo mejor de la estructura de lo que sucede en el mundo, en A. latina”


El Uruguay tiene características peculiares, particulares,  porque se une –  desde su estructura histórica de formación -, contradicciones entre lo que hace a la nacionalidad, una  economía con condiciones relativas dentro del funcionamiento del sistema capitalista devenido,  de lo que se formó como “colonia” con fines de sostén político en el hemisferio  en beneficio de los imperios del Siglo XIX, como en su negación revolucionaria.  Con profundo sentido desde la clase campesina e indígena de la época, el Artiguismo negando esa perspectiva cipaya en su función como nación. Lo demás fue  guerra civil permanente  donde  Colorados y Blancos jugaron un papel desigual y combinado frente a  la estructura que pretendían  darle a la joven nación desde los imperios de la época.

 

Por eso, en nuestra opinión, este curso generó por sí mismo,  condiciones estructurales de una sociedad capitalista en la que su dependencia del exterior,  teniendo que vivir en medio de dos enormes economías y sus gobiernos –  como Brasil y Argentina -, aprendió de tanto lidiar,  como acomodarse y sacar tajada de las contradicciones entre ambos. Al mismo tiempo  – lo venimos exponiendo en muchas otras oportunidades -, “no pudo generar una burguesía nacional ni  tampoco una oligarquía que,  dependiente de los poderes mundiales imperialistas,  generara una sociedad capitalista con intereses burgueses tan egocéntricos como independientes de los poderes mundiales”.

 

Una condición,  en la sociedad de los trabajadores de la ciudades y el campo, que  permitió  la creación de un pensamiento cultural y político particular, progresista  en amplios sectores de la clase obrera y clase media pobre y media. Una independencia como clase del sentido común del capitalismo lo que permitió, con los años de lucha social y política,   que se concentrara desde 1971 con la creación del Frente Amplio.  Calificamos en 1985 “El pueblo del Uruguay tiene instalado un Estado Obrero en su cabeza..”, es decir,  en esas relaciones que son combinadamente “conservadoras” con lo revolucionario,  que en la lucha de clases se expreso  durante los  200 años de formación del país.

 

Creemos que es esta la herramienta en que es necesario  basarse, y cultivar. En la Rusia de los zares y su atraso medieval, fueron los “consejos campesinos y obreros” los que parieron para la historia de la humanidad “los soviets”, una estructura que no pudo  destruir ni la burocracia posterior a la muerte de Lenin  junto a  la eliminación física de toda la dirección bolchevique desde 1927; tampoco pudo el imperialismo y sus agentes directos, o encubiertos,  que desde adentro del aparato administrativo del Estado obrero degenerado por la burocracia,  conspiraron primero y  formalmente destruyeron la URSS. O – mejor expresado – quisieron destruirla y solo  produjo un “desvío transitorio” (León Cristalli,  1990). Ahora ya hace 17 años que  avanza retomando lo mejor del curso histórico dentro de la actual Rusia, seudónimo de la URSS.

 

Es desde aquí  que  parte –  en nuestra opinión -, cualquier análisis sobre las condiciones y situación actual del Uruguay. Es desde allí que es necesario   interpretar las contradicciones del curso, como también lo desigual y muy combinado del mismo proceso, impuesto por  las condiciones peculiares y particulares del Uruguay.

 

Basta ver que  en lo político y representativo, que Uruguay pare un Frente Amplio con un PIT-CNT como soporte estructural, mientras  al mismo tiempo genera un  Luis Almagro que en la OEA hace de falderillo de los intereses del imperialismo y  secuaces. Al mismo tiempo,  por tercer mandato constitucional,  tiene con Tabaré Vázquez un Gobierno que debe navegar en una cáscara de nuez,  en medio de transatlánticos de la economía y el poder mundial imperialista.  Un mar embravecido por las luchas sociales que avanzan desde reclamos parciales, diarios,  de la vida,  a la esencia misma de la necesidad de construir la nueva Sociedad, que ya no será capitalista. Procesos que se están  dando en Venezuela y   que  Cuba superó largamente,  hace decenas de años.

 

 

Es con todos estos elementos  objetivos que debemos analizar la realidad. Realidad no  antagónica al progreso, sino contradictoria al desarrollo de la sociedad. Que incluye  contradicciones políticas y programáticas serías en la aplicación de lo que hace al objetivo fundacional del Frente Amplio  el 5 de febrero de 1971,  pero que a su vez no lo niega cuando se trata  de zanjar  distancias entre lo posible y lo necesario. Como lo ha hecho el compañero Tabaré  con los maestros,  antes y ahora con los trabajadores de Ancap. Eso  es Uruguay,  al que creemos esta lejos de ser ya,  o  poder construir,  un Estado Revolucionario, partiendo de  mejor condición social que Venezuela,  por ejemplo. Pero con  incapacidad  económica y  déficits de cuadros políticos comprometidos en desenvolver el programa que comprometió el Frente Amplio en  1971. Una condición que hoy no es la misma  que  hace 12 años atrás  en Mar de Plata, Argentina, cuando  se consolidó políticamente un Frente Único Antiimperialista contra el Alca,  más allá de su permanencia formal o estructural en la población de Latinoamérica.

 

Por eso hoy se está aplicando el Plan Cóndor II por parte  del sistema capitalista en la región,  como vemos diariamente, del que  el Uruguay no es ajeno en absoluto. Parte de esto  es el Partido Mediático y el Partido  Judicial que –  desde  Gobiernos o  desde la oposición reaccionaria, como en Venezuela-, son la herramienta para destruir los progresos alcanzados. Esto  es lo que  se  ha ido  degradando en su  aplicación completa,   mostrando que no hay, no existe,  salida independiente, nacional, o propia. Como analiza  León  Trotsky: “revolución permanente,  pero no revolución en un solo país”.

 

SOSTENMIENTO del  GOBIERNO del  FRENTE  ESTA en su  UNIDAD INDISOLUBLE con el  PIT-CNT

 

Hace mucho tiempo, en 1994,   aplicando a J. Posadas, afirmamos: “El Frente Amplio al Gobierno,  el PIT CNT al poder” Porque había que,  previendo el curso,  armar la estructura social y  la fuerza de la clase trabajadora, única generadora de riqueza,  para enfrentar y derrotar las  contradicciones que se iban inevitablemente a presentar. Argumentamos  que es necesario ser revolucionarios no “pragmáticos ni oportunistas” cuando nos  planteamos la necesidad de contribuir a  sostener a Tabaré,  apuntalándolo siempre  –  aún en la critica, posible o necesaria –  porque él está metido en una situación  que es la misma (con las condiciones de Uruguay y su pequeña economía y medios para enfrentarse a la crisis mundial del sistema capitalista)  que la vemos en Grecia, España, Francia,  o el mismo EEUU. La misma  que tuvo  Hugo Chávez, que tuvieron   Fidel Castro y Ernesto Guevara, con la diferencia que Fidel y el Che  pudieron resolverlo en 48 horas,  cuando pasaron de un Gobierno burgués,  al Gobierno que iba a luchar por cambiar la sociedad.

 

Existe, sin duda,  un papel del individuo en la historia. Esa función  no lo puede desenvolver  todo el mundo sino que  es obra y construcción de condiciones sociales de la lucha de clases, porque provenimos de una sociedad desigual. Se refleja en la organización social  que debe luchar para  no exista antagonismo,  sino contradicciones entre el dirigente  y la organización social de la masa trabajadora,  porque en  base  expresa directamente  la lucha de clases,   mientras que en la dirección ésta llega menguada por las contradicciones de intereses que el Gobierno  debe resolver.

 

La experiencia más reciente en nuestra América latina,  es Venezuela Bolivariana y revolucionaria. Cuando comienza el proceso en Venezuela,  militar en la forma, como consecuencia del Caracazo de febrero de 1989, Hugo Chávez lo único que pretendía con  el Golpe del 4 de Febrero  de 1992  era simplemente borrar la corrupción gigantesca del rentismo petrolero que existía  en Venezuela. Chávez  no se planteaba un programa revolucionario, democrático socialista  aunque  lo expresaba y representaba. Por esta razón  escribimos en el mismo día del levantamiento: “Chávez y los Bolivarianos han  conmovido los cimientos de la burguesía y el capitalismo en el mundo” (Libro Venezuela, un proceso social revolucionario”) y  “Chávez esa construcción del pueblo venezolano” (León Cristalli – 1992).

 

Es luego del golpe 11 de abril del 2002 y del Golpe petrolero posterior, 2002/03, que el compañero  Chávez  llega a comprender que en el capitalismo no había salida, que había que cambiar la sociedad. No  lo hace solo por una deducción personal. Lo hace cuando  las masas salen a la calle y lo restituyen al Palacio Miraflores en  aquel año 2002. Es ahí cuando  abandona su vieja concepción y cambia su idea de  tercera vía,  al estilo de Tony Blair. Luego del golpe petrolero, comprende   que la  derecha no va a tranzar porque la lucha  es sistema contra sistema. Esto es lo  que está sucediendo  en Venezuela (ver resolución del Buró Latinoamericano de la IV Internacional Posadista  en páginas 4 y 5 de Frente Obrero).

 

 

Existe en el sistema capitalista mundial una base social que vive y vegeta de lo que le deja el capitalismo. Este es un 20 % de  población venezolana que no va a  ser convencida del socialismo,  sino por la fuerza social del 80 % restante. Este  15/20 % tiene intereses de clase  contra clase. En el caso de Cuba, la intervención de la Unión Soviética, aún con  burocracia,  significo que Cuba pudiera estabilizarse y encontrar un aliado internacional,  que  dio seguridad – que internamente no existía -, y construyo esa hermosa  confianza en la construcción del socialismo que tiene el pueblo y Gobierno cubano hoy. Aún sin “el Che” ni Fidel.

 

No hay que perderse en los pasillos o caminos del “Dédalo Griego”  discutiendo  “la inmortalidad del mosquito” del curso social. Las organizaciones del pueblo, los sindicatos, partidos, los centros culturales, las fuerzas profesionales, militares,  que obran como  parte de la defensa de la nación, están permanente enfrentadas a esta doble realidad:   tener que resolver problemas diarios de millones de personas,  al mismo tiempo que no tienen sino una parte del poder de la economía, la que  les da la constitucionalidad del Estado.

 

Por esta misma razón es que hay que refundar el país constitucionalmente, como hizo el camarada Hugo Chávez en Venezuela apenas asumió el Gobierno. Ahora, en este 2017, se hace necesario    reajustar la Constitución  con la  Asamblea Constituyente,  trasladando el poder de la  Constitución de 1999 al poder real y organizado de la fuerza principal de la nación: los trabajadores manuales, intelectuales, profesionales, militares, etcétera, que integran  la nación venezolana. Uruguay encuentra allí  una perspectiva ya antes construida en la conciencia solidaria social de los decenas de miles que salieron a las calles en cada acción de apoyo o respaldo a la Mujer, a los Derechos Humanos, a la Alianza con los pueblos Libres de América y el mundo.

 

EL SINDICATO ES HERRAMIENTA DE CLASE QUE NO SUSTITUYE AL PARTIDO

 

En Uruguay,  ni en ningún país,   se debe ni puede oponer actividad sindical con la del Partido revolucionario, porque es en  el partido  donde se discute  ideas para cambiar la sociedad en su estructura desigual actual. Mientras que el sindicato es la herramienta diaria de la lucha de clases para lograr las conquistas sociales que permitan  una  vida digna: el  sindicato lucha  para conseguir conquistas sociales inmediatas. Pero cuando ésta acción correcta no tiene una direccionalidad política  hacia  alcanzar una Nueva Sociedad,  aparecen los “estados intermedios”. Comienza a corroerse  el instrumento  que permite  que en los sindicatos aparezca una burocracia que –  como “bisagra” de negociación con el capital –  se declara “apolítica” – como  si  pudiera existir -,  que dice “yo defiendo a mis afiliados”  A veces los intereses de los afiliados a mi gremio están contra los  intereses de los afiliados a otro gremio,  que también son trabajadores. Entonces  ¿quién une la  lucha de clases? La vida política: esa es la función del partido.

 

Uruguay es un país muy politizado. Vamos transcurriendo  por el tercer Gobierno del Frente Amplio bajo presión inmensa del imperialismo. Desde la construcción como país, Uruguay  ha sido  un tapón para los procesos de América latina, lo que  no califica al pueblo uruguayo, califica los intereses del sistema capitalista. El imperialismo,  en éste siglo XXI, buscaba  que Uruguay jugara una función que fuera contra la trilogía del  Brasil con Lula, Argentina con  N. Kirchner y Venezuela con  H.Chávez,  cuando tiraron abajo el Alca (Noviembre del año 2005)  La forma que se intenta  que Uruguay juegue  el  rol de  Estado tapón  se hace  a través de las inversiones, o sea,  negociar el funcionamiento del sistema.  ¿Cuál es la  fuerza que  tiene nuestro Gobierno para defender la estructura de un país que tiene muy poco desarrollo,  pero a su vez tiene una gran madurez,  un pueblo con una fuerza muy grande, que funciona como un Estado obrero instalado en la  conciencia de su gente?

 

No  existe  militancia sindical ni militancia política, ajena una de  la otra: hay militancia política dentro de los sindicatos, en la Universidad, en la fábrica, pero el eje central, la matriz central, es el partido revolucionario. Pensamiento y acción. Los socialistas y comunistas lo desarrollaron en forma superior a otros movimientos  en Uruguay. Son  partidos  que tienen importancia,  peso y acervo frente a la sociedad. Esto no niega la necesaria independencia de clase de los sindicatos, incluido dentro del  Estado Obrero,  como planteo V.I.Lenin en la joven URSS, en 1917. Pero los sindicatos no serán ya una “bisagra con el patrón capitalista” sino una herramienta de la lucha de clases en su estado virginal y base dentro de  los centros de trabajo, contra la explotación salarial.

 

El Frente Amplio va desarrollando  su  tercer período  con un Gobierno que no niega su acervo dentro del conjunto de la lucha por el  socialismo,  aunque lo relativiza en el tiempo.  Mientras que el kirchnerismo no organizó ni impulsó a las masas en 12 años de Gobierno en el  sentido de avanzar a la  independencia de y como clase explotada;  por el contrario,  lo redujo a buscar “un capitalismo bueno, redistributivo,  etcétera” imposible de lograr. Es en el  último  acto en el ultimo día en el Gobierno  que  Cristina Fernández declara: “el pueblo tiene que empoderarse: cada uno  ser base y dirección”. Esta afirmación significa   todo un programa político, pero no lo formularon a tiempo  y las consecuencias fueron las que vinieron  después, que las  vive el pueblo argentino  con todas las  consecuencias de desocupación, el  avance de la miseria y retrocesos  del nivel de vida.

 

Ver el curso de Argentina, sirve como experiencia política y social de cómo se deforma el curso de la lucha de clases, o se lo enclava en un estadio inferior,  que  permitirá al sistema recomponerse,  volver al poder legítimo (¿?)  de “un  país atendidos por sus dueños”. Por eso Mauricio Macri,  utilizando los mecanismos del sistema,  recupero un Gobierno que ni siquiera llega a ser capitalista típico,  sino conformado por  un grupo de mafiosos de corto plazo.

 

A diferencia de Uruguay,  en que se lucha por estructurar un Plan Económico con proyecto social combinado,  Mauricio Macri no tiene un programa de desarrollo. Habían pensado que si ganaban los demócratas en EEUU con H. Clinton,  iba a venir una lluvia de inversiones. Decían “Con eso aplanamos al kirchnerismo y todo lo que fuera nacionalismo revolucionario”. Pero el pueblo norteamericano nos dio una  gran ayuda histórica al  impedir que Hilari Clinton  llegara al Gobierno junto al comienzo  de la discusión  en la burguesía de EE UU,   como en 1865. Esto genera una condición que no la puede resolver el sistema capitalista. Ahora, ¿eso solo ocurre   por el pueblo de los EEUU?  No,  sino  porque el sistema está agotado en el mundo: para desarrollar la productividad se hace necesario cambiar el sistema de  distribución. Y es aquí que  aparece con fuerza cósmica lo que desde el año  1989 denominamos, aplicando a Marx y Engels, como la etapa de “La Rebelión de las Fuerzas Productivas”. El ejemplo concreto  lo vive  el mismo curso de China Popular que  tiene una superproducción de bienes y servicios hacia fuera de país, solo  en dos o tres lugares dentro de China y más nada, porque  el resto vive atrasado. Por esta razón  una parte del Partido Comunista  de China dice “debemos llevar la economía al resto de China”. Es lo que  está en discusión ahora. Este es el fondo: no existen  debates, decisiones  ni soluciones  particulares: es necesario   tomar la estructura de lo que está ocurriendo  en el mundo y en América latina. Concretamente,  en el Uruguay.

 

Reiteramos con amor nuestro apoyo a la lucha innegable del pueblo uruguayo, de una  parte de sus direcciones políticas y sociales, del Frente Amplio, del Gobierno del compañero Tabaré Vázquez. Es necesario   luchar por la Integración Regional no Capitalista, sino de los Estado revolucionarios de transición,  o  algunos que se desenvuelven en  la transitoriedad, como los dos grandes de la región: Brasil y Argentina. Volver sobre las bases del programa del Frente Amplio de 1971, de los Congresos posteriores,  como el Rodney  Arismendi. Discutir como lo hace el compañero presidente Tabaré yendo a la asamblea de los trabajadores de Ancap  y resolviendo junto a  los trabajadores  los problemas  de la nación, defendiendo las conquistas que su Gobierno representa también.

 

Para lograrlo, afirmarlo, es necesario  armar en la conciencia social la necesidad de la refundación de la nación, a través de una Constituyente refundadora. Esta debe ser de base social socialista,  y revolucionaria, participativa y democrática, por la independencia  de su política exterior, la Alianza Mundial con pueblos y Gobiernos que luchan por la Paz,  que no es otra cosa que la nueva Sociedad Socialista.

 

                                                                                    León Cristalli

                                                                                                                                    25 de julio de 2017