Contáctenos al +598 2409-6456

Perú: 80 personas mueren de frío en la Sierra: escándalo que no encuentra salida dentro del sistema capitalista. Mientras, en octubre, se eligen Alcaldes


Mientras la campaña para elegir alcaldes distritales y regionales en el mes de octubre avanza, prácticamente ninguna opción ganadora representa los intereses de la población. A diferencia de Uruguay, con partidos consolidados y clara plataforma ideológica, en Perú los partidos representan una visión caudillista y corporativa. Los más de 20 partidos legales están obligados por ley a competir en las justas electorales. Si no llegan al 5 % del electorado, perderán la inscripción electoral. Como moneda de cambio, se ofrecen tal cual mercancía para políticos con dinero, que necesitan trampolín para llegar al poder. Tal es así, que se usa el término “vientre de alquiler” para representar esta situación.


La izquierda, envuelta en una lucha fratricida de caudillos, tiene al menos cuatro partidos que la representan: Tierra y Libertad (que participó en las últimas elecciones con el lema de Frente Amplio: apenas llegó al Congreso la alianza con Nuevo Perú se rompió por diferencias irreconciliables); Perú Libertario (que se retiró de las últimas elecciones cuando no llegaban al límite del 5 % para mantener la inscripción electoral); Democracia Directa (con el liderazgo de Gregorio Santos, líder rondero y cercano al MAS (Patria Roja) con gran fuerza en el norte del país); y el Partido Humanista (ahora bajo el lema Juntos Por el Perú, agrupando a fuerzas históricas de izquierda, como
Patria Roja, Partido Comunista Unidad, Fuerza Social y Ciudadanos por el Cambio, entre otras).

El Congreso, dominado por el fujimorismo, enemigo en dar oportunidades a sus contendores potenciales más peligrosos (Julio Guzmán del Partido Morado y Verónika Mendoza de Nuevo Perú), ha presentado toda clase de regulaciones que obligan a alianzas con vientres de alquiler. Resulta extremadamente difícil juntar la enorme cantidad de firmas que se exige para poder inscribir sus movimientos en forma legal.

Ante esta situación, las posibilidades de que las fuerzas sociales y gremiales lleguen al poder pueden darse solo en forma regional, ya que cuentan con capital electoral fuerte en Cajamarca, Cuzco y Puno. Lima, donde ganara la
socialista Susana Villarán, postula un candidato de derecha que se presenta por un lema de izquierda: Ricardo Belmont, ex alcalde de Lima, que compite con chances de ganar como candidato invitado por Perú Libertario, del comunista Vladimir Cerrón.

Durante la dictadura de Fujimori se dinamitó la estructura de los gremios, se liberó la economía en forma salvaje, degradando a los trabajadores a la desprotección total de derechos antes conquistados. Hoy, los gremios y sindicatos, no representan siquiera a la cuarta parte de los trabajadores, herencia maldita de un Gobierno que no dudó en robar y delinquir. Por causas solo explicables por la idiosincrasia y regulación local, representa electoralmente a la tercera parte de la población, con más de la mitad del poder político en el congreso.

El Gobierno actual, títere de esta situación, no es más que una representación de los intereses del empresariado. El presidente Vizcarra no hace las cosas mucho mejor que su antecesor, Pedro Pablo Kusinsky, que vivió el oprobio de la renuncia presidencial gracias a una operación digna de Montesinos.


Las mañas del pasado dominan el ambiente político, y la traición y el chantaje, son moneda corriente. El Congreso, el peor de toda la historia republicana, no deja de sorprender: siempre se puede caer más bajo, con congresistas falsificadores, ladrones, lobbystas, dispuestos a todo por “la patria y por la plata”.

Ante esta situación, existe cansancio en la sociedad, en un país, acostumbrado a encumbrar recién llegados como nuevos Mesías políticos. Es muy probable que un candidato antisistema pueda ganar en las próximas elecciones: la derecha teme que la liberación de Antauro Humala (en la cárcel por sublevación militar) pueda representar esa opción. Su propuesta, radical en todos los sentidos, puede atraer a los hastiados de la podredumbre política que lleva años alimentándose de las arcas de un Estado rico, que distribuye mal, que no se preocupa por su gente. Hace unos días, más de 80 personas habían muerto de frío en la sierra peruana. Esto, que es un escándalo, no encuentra solución ni desde el Poder Ejecutivo ni el Legislativo.

Perú, con una economía en manos de las grandes corporaciones, es un país que funciona por control remoto, donde lo único que se rebaja es el poder adquisitivo y el nivel de vida de la gente, mientras que el gran capital domina más que nunca el devenir político y económico.

Es en estas condiciones que encontramos el caldo de cultivo para una revolución. El maestro J. Posadas claramente demostró que el socialismo es una necesidad de la organización de la vida: es imposible sostener un sistema criminal dejando de lado los intereses de lo fundamental: el innegociable derecho de la población por decidir su destino con los más  altos valores éticos, políticos y sociales.

Javier Gradin