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A 47 años de su fundación, el Frente Amplio necesita avanzar con el objetivo de transformar la nación, sin quedar a medio camino.


“Un programa de control y la dirección planificada y nacionalizada de los puntos claves del sistema económico…. que aniquile el predominio de la oligarquía de intermediarios, banqueros y latifundistas” (5 de febrero de 1971)

A 47 años de su fundación,  el Frente Amplio  necesita avanzar con  el objetivo de transformar la nación, sin quedar  a medio camino.

El Frente Amplio elaboro e hizo público el 5 de febrero de 1971 su documento fundacional, que entre otros puntos dice: “La concentración transnacional de propiedad y explotación de un bien finito, la tierra, por grandes empresas capitalistas, sobre todo nacionales, debe conducir a analizar la necesidad de que la tierra pertenezca al país, a la sociedad, a la nación. Un programa de contenido democrático y antiimperialista que establezca el control y la dirección planificada y nacionalizada de los puntos claves del sistema económico, para sacar al país de su estancamiento, redistribuir de modo equitativo el ingreso, aniquilar el predominio de la oligarquía de intermediarios, banqueros y latifundistas, y realizar una política de efectiva libertad y bienestar, basada en el esfuerzo productivo de todos los habitantes de la República. Expresamos nuestro hondo convencimiento de que la construcción de una sociedad justa, con sentido nacional y progresista, liberada de la tutela imperial, es imposible en los esquemas de un régimen dominado por el gran capital. La ruptura con este sistema es una condición ineludible de un proceso de cambio de sus caducas estructuras y de conquista de la efectiva independencia de la nación. Ello exigirá, a su tiempo, la modificación del ordenamiento jurídico-institucional, a efectos de facilitar las imprescindibles transformaciones que procura”.

El Frente Amplio no ha renegado en forma explícita,  aunque sí en los hechos, en promover “Un programa… que establezca el control y la dirección planificada y nacionalizada de los puntos claves del sistema económico…” cuando llego a la conclusión   que la crisis del centro mundial anticapitalista – la Unión Soviética -, resultaba un  impedimento para  comenzar a  aplicar su programa original. El proceso de la economía y la sociedad vuelve a colocar al país en una disyuntiva nada ajena al diagnostico y pronostico del 5 de febrero de 1971.

Se construyo un programa basado fundamentalmente en el incentivo de las fuerzas productivas, promoviendo la inversión de capital transnacional,  que derivo en aumento de productividad, multiplicando volúmenes de exportación, promoviendo en forma simultánea crecimiento de ingresos salariales y jubilatorios, aunque el   superior porcentaje del PBI continuo  en poder del capital. El efecto social y político ha venido siendo trascendente: conquista de tres Gobiernos consecutivos del Frente, y un crecimiento  de las organizaciones de masas,  los sindicatos y  central obrera.

Luego de que varios Congresos ratificaron la necesidad de construir desde la sociedad una nueva Constitución de la República – “la modificación del ordenamiento jurídico-institucional, a efectos de facilitar las imprescindibles transformaciones” (documento fundacional), y  abandonando la perspectiva de aplicar l “imprescindibles transformaciones”, la conducción del Frente y el Gobierno, postergaron sin fecha el  revolucionar institucionalmente al Estado Nacional.

El Gobierno Nacional, el compañero Presidente de la República, viene conduciendo la respuesta institucional, programática,  política,  al reclamo de productores rurales, esencialmente medianos y grandes, que contratan mano de obra asalariada, en su mayoría. Se han adoptado decisiones paliativas,  dirigidas básicamente a medianos y pequeños productores. La crisis resulta estructural al modo de propiedad y producción, angostado, agotado, cuando el sistema mundial capitalista rebasa su producción – rebelión de las fuerzas productivas – acotando, a la vez,  el consumo.   D. Trump sueña con “EE UU primero” mientras  luego de 20 años de negociación  Unión Europea-Mercosur para acordar  un TLC, la propuesta resulta paupérrima. El capitalismo protege sus espaldas, subvenciona sin límites su producción agraria.

Los movilizados del agro  no cuentan con un programa de Gobierno alternativo al del Frente Amplio. Apuestan a desestabilizar al Gobierno Nacional, alientan la alianza de todas las patronales, las Cámaras,   mientras  creen  re crear una alternativa política burguesa,  que brinde aire nuevo  a  desteñidos partidos de su clase. Concentran ataques en las deformaciones burocráticas  del viejo Estado,  que  debimos, ¡ debemos!  transformar, aquella “madre de todas las batallas”, que fue  quedando  postergada.

De aplicarse, la nueva Ley de Riego (“ponerle un segundo piso al agro” dijo Tabaré Aguerre) aumentara la riqueza a distribuir. Pero no llegara a distribuirse, sino en menor proporción, mientras se continuara  concentrando propiedad y medios de cambio. El crecimiento del PBI no ha resuelto asuntos esenciales como las diferencias sociales profundas.

El Frente Amplio – a 47 años de su fundación – está  obligado a avanzar en un  plan con  objetivos de transformación del país, sin quedarse  a medio camino. El movimiento obrero aun no se ha pronunciado, no ha intervenido,  sobre el proceso de cuestionamiento capitalista al  Gobierno Nacional.  . Lo ha comenzado a hacer Aute,  sobre costos de la energía y algunos  puntos débiles del Programa del Frente.

No ignoramos la protesta en absoluto, la  que tiene una cara externa y otra interna, distantes entre sí. Para presionar, por ahora levemente, o no tanto, al Gobierno, utilizan fuerzas que no les son propias, como  lo es el  descontento social ante lo que aparece como imposible de romper:  la relación entre  capital y trabajo, el sistema de explotación capitalista a la fuerza del trabajo, que se mantiene  siendo el patrón de las relaciones entre Estado y sociedad.

 

Ni en Uruguay ni en la región existe una crisis  del campo en cuanto a ampliar sus exportaciones  y la  tasa de ganancias del capital invertido, o renta diferencial entre ciudad y campo. Sino que la crisis es del sistema capitalista, de la política de mercado libre, cuando la concentración imperialista  trasnacional del capital, produce a más bajo costo en cualquier territorio del planeta, fijando el valor universal.

Nuestro Gobierno   no puede esperar que las inversiones  de capital solucionen los problemas de la nación, cuando en su crisis mundial, el sistema cierra  mercados internos, protege su producción y productores  agrícolas,  parte de su base social  de sostén.  El sistema capitalista no puede ofrecer, ni  tan siquiera a los más inteligentes y/o capaces, posibilidades reales de logro  personal, profesional, sectorial, cuando  vive esta crisis sin salida. Una sociedad, con  un  modo de producción y distribución,  agotado. Esto es necesario analizar, retornando a las raíces  fundacionales. En  condiciones del mundo de hoy, claro.